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Primera editorial
¿Para qué estos tres?

Conviene aclarar que incluimos en poesía a las producciones literarias o expresiones artísticas en donde haya función poética, también ensayos o análisis sobre textos de esta índole. Es decir, incluye al poema pero no se limita al mismo.
Similar es el abordaje de psicoanálisis y política. Se puede pensar en términos de “lo psicoanalítico” excediendo el campo clínico y “lo político” en un sentido amplio, más allá de las cuestiones partidarias.
Como bien sintetiza basado en la producción del movimiento psicoanalítico, el pensador Jorge Alemán: “nos constituye el atravesamiento del lenguaje, la sexualidad y la muerte”. Estos tres definen la condición antropológica y sus imposibles. El discurso imperante de nuestra época no reconoce límites. No acepta imposibles. Se puede decir que está fuera de la escala de la incompletud humana. La devastación del planeta, los estragos de la dinámica económica en el cuerpo social, la homogeneización de las subjetividades son algunos de sus efectos. La captura de nuestras voces para vaciarlas en un eco de enunciados establecidos adormila nuestra singularidad de enunciación. La proliferación del individualismo nos reduce a un solipsismo que va disecando los lazos sociales. El hipnótico narcótico del consumo nos distrae de nuestras tareas más propias. Citemos alguna que tampoco es cualquiera: aceptar nuestra finitud y hacer algo a pesar y gracias a ella.
Entonces ¿qué hacer aún?
Ofrecemos estos tres que no son ni únicos ni todo. Si, buenos convocantes a un espacio que sume entusiasmos a tomar la palabra, a intentar emancipaciones de los mandatos hegemónicos, a afrontar la falta que nos constituye, a jugar creativamente con el lenguaje.
Enumeramos:
El campo poético por su posibilidad de enunciar algo nuevo, de puntuar no en el lugar indicado sino en un lugar indicador. De pulverizar el sentido común para captar el acontecimiento que suele suceder en la vida. Podemos pensar el poema como un intento de poner el acontecimiento en palabras. Además un poema es tantos poemas como lectores tenga. Esta posibilidad de inscribir algo novedoso es efecto del hablante que somos, de la singularidad irrepetible de nuestra enunciación. Acá la poesía.
El movimiento psicoanalítico, en su ya fecunda praxis nos ha dado cuenta de nuestra división subjetiva. Y del no querer saber de eso. Del no querer saber del retorno de lo reprimido. Y sin embargo en este retorno asistimos a un levantamiento de la represión, que nos posibilita la re significación, siempre incompleta, de lo inconsciente. Justamente, afrontar esto de lo que no queremos saber nos posibilita alterar la fijación sintomática con sentidos nuevos. Por otra parte nos alerta de un discurso, y esto puede ser de especial interés por fuera de lo clínico, que está configurado como un todo, sin exterior ni interior, sin detenciones, que se eterniza en un movimiento circular. Nos captura en el embeleso de enunciados sin fin eclipsando el lugar de la enunciación, lugar desde el cual emerge el sujeto que nos constituye. La escritura en sus puntuaciones y corte nos da respiro. Acá el psicoanálisis.
Y finalmente la praxis política, que incluye una gramática y una ética. Lejos de la denigración de la política que pregonan ideologías de derecha que tienden a sumirnos en un solipsismo mortificante. Lejos también de la caducidad histórica de la política pronosticada por ciertos enfoques teleológicos de izquierda bajo el augurio de un mundo de igualdad sin conflicto. Disentimos con ambas. Lo político es una dimensión inseparable de nuestra condición. Nos constituye el lazo social, nos constituyen las diferencias irreductibles y con ambas cuestiones la política ofrece un saber hacer. La conceptualización de su praxis, algo que no está de moda, es parte de la acción política y tiende a favorecer que no envilezca, que sea fecunda. Por eso también la escritura tiene una dimensión política, no se enuncia en abstracto, se enuncia desde una posición que tiene sus efectos. Hacerse cargo de que no se puede ser neutral, otro imposible, nos posibilita no resignar esa dimensión social, condición antropológica que nos constituye. Hay quienes restringen lo político a lo partidario, pero lo rebasa largamente. Recordemos, por ejemplo en Macondo, la escritura es uno de los actos de resistencia a la epidemia de amnesia que había caído sobre los habitantes del mítico pueblo de los cien años de soledad. Un acto que no carece de su dimensión política. Acto de escritura que tiene que ser pactado y asumido por la comunidad para intentar preservar la memoria de las singularidades y de los lazos sociales. Acá la política.
Estos tres son los legados que principalmente causan este sitio. Pensamos que no prometen esa idea de la felicidad, pero pueden hacer nuestro estar más amable. Irradiar entusiasmo a nuestro paso a pesar de nuestras imposibilidades o quizá gracias a ellas.
Ahora sí: bienvenidas, bienvenides o bienvenidos según a cada cual mejor exprese. Aunque cualquiera sea la elección algo queda sin expresarse.
autor: Aún quehacer. Julio de 2023
@aunquehacer





