Textos relacionados con la Poesía
Aqueronte
"océano de naufragios sin paz" Sebastián Acevedo..

Un hombre espera una barca a orillas del río Aqueronte; solo posee sus ropas harapientas y dos monedas que aprieta en su puño, como aferrándose a ellas y rezando una sola palabra: susurra soledad… soledad… Termina la frase diciendo: cien años de errante soledad.
No tiene recuerdos, no sabe cómo llegó allí, solo espera.
Se acerca la barca y desciende una figura femenina.
Él dice: —No eres Caronte. Sorprendido pero entregado, toma de la mano a la mujer y ambos suben a la barca. Comienza el viaje y él, con llamativa elocuencia, empieza a hablar:
—Siempre distante y fría dama de compañía,
a veces altiva, otras simplemente activa;
su deseo de ser lo que no es, pertenecer.
Su anhelo es perecer pero no lo puede hacer.
¿Podrá terminar su destino? ¿O su camino?
Por un instante del que nadie puede escapar,
errante rumbo de la barca llega al final.
¿Tributo será al fin las monedas de Caronte?
¿O será que al final el destino responde?
Aquel puede pagar, un consuelo dirán.
Solos venimos y solos hemos de llegar.
Al reino de Hades, al inframundo, el más allá.
Llora ella enfurecida, ¡y se pone a gritar!
Tranquila: él responde, tus penas he de contar.
Sin consuelo ella lo señala y se acerca más,
¿protagonista yo? No, tú lo eres mucho más;
tú, antagonista tú, eres la historia que contar.
Lejanos tiempos donde conceptos se han de mezclar,
fuiste divina, pura, una diosa de verdad.
Pero el amor, no obstante, el amor por siempre está,
bien, mal, es el amor aquella ley universal.
Dos fuerzas hubo que se amaron de verdad,
por ahora ella y él solo así los he de nombrar;
narrar su historia, el fin último en realidad.
Soy solo un oyente que pudo descifrar
la historia más divina el comienzo dirán
y como poca vida propia tengo que contar,
la vida de la muerte en esta historia encontrarán.
No empieza con luz ni túneles u oscuridad,
comienza como quien ha venido y ha de regresar;
donde vivido y soñado se han de mezclar,
futuro, pasado, presente unidos, ¿verdad?
Vida y muerte en uno sin poder separar.
Escuché su llanto, un relato en realidad
y como solo soy un narrador lo he de contar.
Allá en el principio eran uno más que mitad.
Pero su padre dijo: ¡así no deben estar!
Hizo lo necesario para a ellos separar.
Si no decía, los otros presos vivirán,
en su locura llamada amor en verdad.
Todo transcurría sin poder terminar,
al parecer perfecto sin comienzo ni final.
Todos atrapados los dioses en el umbral
de muerte y vida sin poder dejar atrás,
ese amor de locura infinita demencial.
El creador por encima de todos los demás,
lejana locura sin poder controlar;
a vida y muerte primogénitos y más
que más amigos, que más amantes ¿dirán?
Compañeros unidos al amor encarnar.
Inconsistente mundo sin principio ni final,
cordura inexistente, sin continuidad.
Inmerso todo en ese confuso ideal,
en esa Pangea de conceptos y más.
Océano primero una prisión dirán,
cárcel de las ideas sin poder reflotar.
Conceptos prisioneros en ese amor del ya
destino, bien, mal, alegría y adversidad.
Todo vacío sin felicidad que festejar,
no había ninguna tristeza que pasar;
conceptos ahogados en el primer mar,
llamado océano de naufragios sin paz,
ellos atrapados en esta realidad.
Empezaron entonces a su padre confrontar,
ya no deberían él y ella juntos estar.
Habló el eterno y dijo no los puedo controlar,
son fuertes y su amor se ha expandido más y más.
Dijo el engaño yo sé cómo a ellos separar,
unión organizad donde conceptos se mezclarán.
Será la unión entre ellos para la eternidad,
momento en el cual, tú padre algo le has de sacar.
Un concepto nuevo que tiene inicio y final,
diré solo llegado el día cómo obrar.
El día llegó y a Engaño su plan magistral,
Muerte y Vida, el Eterno, todos en su lugar.
La boda harían, el Eterno los casaría,
Antes un dote, un sacrificio debían dar.
Infinito es Eterno, no se puede tocar,
pero algo, un pedazo, Vida y Muerte han de dar.
Según el plan de Engaño, se hacía su voluntad.
Aquella llamada Muerte y él llamado Vida,
debían el tributo y tendrían que pagar.
Fue un instante pedido, fue un instante movido,
De su ideal, aquel principio fue el final.
Finalmente se desprendió, Uno se llamó.
Un silencio empezó, tan rotundo, algo cambió.
El instante astuto se empezó a multiplicar,
(aquella es otra historia que ya entenderán).
Por los instantes todo se empezó a separar,
quedó la realidad partida más y más,
nació un instante, fue el tiempo en su totalidad.
La vida y la muerte ya no eran uno, eran par.
Separados por el tiempo debían estar,
llamado a ser el camino hilo de atino o azar.
Todos los conceptos empezaron a entrar,
dando una nueva forma a la realidad.
Ganar, fallar, tristeza, alegría, muerte, vida,
el comienzo, el final, lo justo y lo irreal;
pensado quedó plasmado en realidad.
Miles de conceptos contaban su verdad.
La muerte, más que aterrada, comenzó a llorar,
cada ente la alejaba, se cortaba aún más;
el sueño del que no quería despertar.
Lejana vida aquella que fue su ideal.
La muerte, resignada, se dedicó a terminar
con vidas desprendidas de la original;
aquellas vidas nuevas llamadas humanidad
Muerte
—Esa es la historia, todo pasó como lo cuentas,
Tramé, a la eternidad atrapé, hice mi plan;
mi desafío en su contra, con todo, acabará.
Los cielos, el infierno se han de terminar,
solo por un instante vida y muerte será
y ese instante sin ti durará la eternidad.
El final del camino inalcanzable de acabad,
heme aquí, hijo tiempo, eres mi destino final.
Contigo, terminando, al fin todo concluirá.
El bien, el mal, el verdadero amor, la amistad,
aquellos eran, nadie nos podía molestar.
Si acabo contigo, todo será ideal.
1
—Ahora entiendo, madre mía, mi realidad.
Soy el tiempo, aquel hijo, y como él te puedo escuchar.
Oír, descifrar el más allá, tu cantar,
y con las voces que oigo sé de qué lado estar;
defendiendo la vida nueva, la humanidad.
Llamados los dioses a entender el más allá,
la vida humana solo me hace recordar
que cada concepto enriquece el más acá.
Mundo ese donde solo nos toca observar,
tuyo el deber de acabar, pero también dejar.
¿Lo has hecho en este tiempo y ahora deseas más?
Primero pregunta a la vida qué elegiría,
un instante eterno en el que todo acabará.
O un tiempo escogería que pueda separar
a todos los conceptos y hacerlos realidad.
Yo prefiero vivir, ajeno a la eternidad,
observar, separar, realmente valorar
todo lo que ocurre a esta nueva humanidad.
Ella piensa un instante que parece durar,
la eternidad conjunta, ya que deja pasar
la chance de tomar la decisión final.
Contempla el río en el ve las vidas pasar,
tristeza, alegría, momentos, realidad.
Piensa e imagina el camino que ella ha de tomar.
Muerte
—¿No debe, tal vez, ser un instante ideal?
¿Podrá, en esos idas y vueltas, la vida estar?
Evoca la antigua y decide dejarla atrás,
mira la nueva y se asombra con su inmensidad.
Esos nuevos conceptos se han de desarrollar,
ella va detrás del camino que hizo la vida,
con aquello acabando que se deba acabar
y valorando lo otro que deberá continuar.
Antes piensa de dar su veredicto final,
también en el azar, el engaño y su disfraz,
en un nuevo mundo no deberían estar.
Muerte
—Hijo, debes ir más allá, ya lo entenderás.
(El río toca y nace uno nuevo: eternidad).
Ese camino toma y hemos de gobernar,
engaño y azar, ninguno divino ni veraz,
ya nunca más en el mundo deben estar.
Si tomas ese camino serás la eternidad,
serás divino, nadie te podrá tocar;
conmigo, hijo, todo lo eterno será real.
1
—Te dije, madre, no deseo la eternidad.
Por azar, por destino, el tiempo siempre será,
poco o mucho, será lo que tenga que durar.
Aceptando también mi humanidad, te dejaré,
a mitad de camino solo llegaré acá.
Desciende el tiempo solo al río y allí se ha de formar,
la línea entre lo divino y lo real.
Apenada, la Muerte lo ve y empieza a llorar,
nace un tercer río: las penas que han de pasar.
Aqueronte, las penas y al fin la eternidad.
El tiempo, su destino, separar hasta el final,
las aguas, lo divino, lo real y mi narrar.
Cuento subconsciente, su historia y su compás.
Quedará en el lector decidir cómo será,
dejar pasar el tiempo o detenido quedará.
Inmenso mar de dudas, también la realidad.
Fin.
Sebastián Acevedo es abogado (T°16, F°111, Colegio de Abogados de Morón) y participante activo del Instituto de Filosofía del Colegio de Abogados de Morón (CAM), donde interviene en espacios de reflexión sobre pensamiento crítico, ética y teoría jurídica. Actualmente cursa el posgrado en Mediación dictado por CIJUSO, orientado a la resolución alternativa de conflictos y a la construcción de procesos de diálogo profesional.
Paralelamente a su actividad jurídica, desarrolla proyectos literarios y narrativos, explorando temáticas vinculadas a la condición humana, la metafísica y los aspectos simbólicos del tiempo y la muerte. Su escritura fusiona elementos del pensamiento filosófico con recursos poéticos, dentro de un estilo introspectivo, conceptual y de alta elaboración formal.
autor: Sebastián Acevedo
@seba.ace





